Como mentir diciendo la verdad

Por Carlos Vilchez Navamuel

Adelino Cattani profesor de Poética y Retórica en la Universidad de Padua en su libro “Los usos de la Retórica” nos dice entre otras cosas que “Una media verdad equivale a una noticia falsa” porque “la verdad no es tal cuando aparece incompleta”.

Enunciado que expresa muy bien lo que muchos políticos, dirigentes sindicales y una enorme cantidad de periodistas acostumbran hacer con el juego de las palabras para decir verdades y mentiras a medias, de allí que los simples lectores, radioyentes o televidentes debemos aprender a interpretar estos juegos profesionales, gremiales y politiqueros que se utilizan para sus propios intereses.

Por su brillante forma de expresarse y su claridad destacamos a continuación algunos párrafos y enunciados que a nuestro entender son invaluables.

Se pregunta Cattani ¿Es lo mismo engañar que callar algo? Su respuesta es clara: “La formación en el debate tendría que incluir la familiaridad con el perverso mundo del decir y no decir.” Y añade “El hechizo de la palabra seduce, persuade y transforma con tanto poder como la coacción, pero con otra apariencia. Como ya se ha dicho, los que construyen teorías sobre el acto lingüístico no han hecho otra cosa que expresar y articular ese descubrimiento antiguo en forma de conceptos tales como presuposición e implicación que permiten utilizar hechos ciertos para inducir la creencia de datos falsos -y preformativo- concepto austiniano relacionado con el aspecto operativo del decir que se transforma en hacer, con el hacer cosas con las palabras”



El profesor Cattani nos dice también que: “Uno de los instrumentos de persuasión es la mentira, cuya existencia está estrechamente asociada la del lenguaje, que al sustituir a las cosas hace posible la simulación, y una de sus manifestaciones más intrigantes es sin duda la posibilidad de mentir diciendo la verdad. La mentira es, como se sabe, cosa inconveniente.”

Agrega Adelino: “No decir falsedades es tanto una norma ética y religiosa como de convivencia cívica; sin embargo, no siempre conviene decir la verdad. Existe una hipocresía sana que también garantiza una convivencia aceptable. Maquiavelo y Baltasar Gracián son dos célebres partidarios de la simulación dolosa cuando el engaño es censurable, jocosa cuando es hermoso y divertido, piadosa cuando beneficia también al engañado.”

Un último párrafo de su preciado libro para pensar un poco más sobre el tema: “Los intentos y los efectos comunicativos suelen basarse más en las cosas sobreentendidas que en las que se dicen abiertamente. Tomemos estos dos enunciados: «Se desconoce quién ha sido el ganador de la lotería». «Fulano gasta mucho últimamente». La simple asociación de estos dos hechos actúa como la sucesión de dos imágenes en la pantalla: el enfoque de una pistola asociada al de una persona que cae al suelo determina una relación causal que en realidad podría no existir; la aproximación de hechos como los citados da a entender quién es el ganador. Esta necesidad inevitable de llenar los vacíos con suposiciones e implicaciones permite decir una verdad con intención de mentir.” Se pregunta por ejemplo: “¿Por qué mentir pecando y arriesgándonos, cuando para engañar basta con omitir?. En efecto, se puede mentir diciendo algo voluntariamente (proporcionando datos) o eludiéndolo voluntariamente.” http://es.scribd.com/doc/86666609/3/CAPITULO-3

Conociendo todo esto, no nos queda otra cosa que hacer a los lectores, radioyentes o televidentes que aprender a oír, ver y leer con un sentido crítico y sobre todo, sin aceptar como hechos reales todo lo que nos dicen los líderes sindicales, los periodistas y los políticos.

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