Costa Rica atascada en un atolladero

Por Carlos Vilchez Navamuel

Si por la víspera se saca el día, pareciera que Costa Rica estará atascada y no saldrá de este atolladero hasta que empiece a hacer las transformaciones estructurales que requiere el Estado costarricense y el tico cambie su mentalidad corto placista.

Dos distinguidos profesionales costarricenses se han pronunciado sobre el problema de ingobernabilidad que enfrenta el país en estos días.

Por un lado el economista Eduardo Lizano nos dice en un conversatorio realizado con el periódico el Financiero y cuya publicación aparece en su edición No.851, lo siguiente: “Independientemente del tamaño, a Costa Rica le falta un Estado eficiente. La yunta de bueyes que debe sacar la carreta del atolladero está renqueando por el lado del Estado” de seguido nos dice “Claro, si el país tarda 8 años para habilitar un aeropuerto y 20 años para construir una carretera, será imposible lograr un desarrollo importante.” Su diagnóstico se basa en el mal funcionamiento del Estado, primero se refiere “Al entrabamiento del Congreso, el engorre del Poder Ejecutivo, el candado de inamovilidad del Servicio Civil y el cortoplacismo de los políticos.” Y continúa afirmando “Cuando todo se ve a la luz del domingo de mayo, cuando la gente quiere ser ministro o embajador y calculan todo en función de esas posibilidades no se puede avanzar. Somos incapaces de tomar medidas de largo plazo (…), ni de mediano plazo”. http://www.elfinancierocr.com/ef_archivo/2012/enero/15/enportada3027706.html



Por otra parte, don Kevin Casas, ex vicepresidente de la República en su artículo “Réquiem por un sueño” publicado en La Nación, nos dice entre otras cosas que repetir el estribillo de que Costa Rica aún puede ser el primer país desarrollado de América Latina es un disparate. Conclusión que pensamos es producto de sus investigaciones, triste realidad para los que alguna vez soñamos con eso, pero más triste resulta lo escrito en otro párrafo cuando señaló que “El retroceso de los indicadores de gobernabilidad de Costa Rica solo es superado en América Latina por el de Venezuela, Bolivia y México. La creciente ingobernabilidad de Costa Rica no es “el pretexto de los mediocres”, como lo afirmó una dilecta periodista nacional. No; es real y nos está pasando la factura. Si nunca fuimos buenos para acabar las cosas, ahora no somos capaces siquiera de empezarlas. Hoy tenemos un Poder Ejecutivo que no ejecuta, un Poder Legislativo que no legisla y un Poder Judicial que los sustituye a ambos. Costa Rica ya no es gobernable.” http://www.nacion.com/2012-01-10/Opinion/requiem-por-un-sueno.aspx

Don Eduardo y don Kevin al decir todo esto, nos confirman -sin querer queriendo- que los políticos de turno que han gobernado y administrado el país en los últimos 40 años no han sabido conducir los destinos del país de forma apropiada, en vez de haber tomado los derroteros correctos para hacernos avanzar y convertir a Costa Rica en una nación eficiente, nos dejaron estancados, y nos metieron en el atolladero en que estamos sin que por ahora aparezcan indicios para salir de él.

Más claro imposible, pero como lo mencionamos al principio de este escrito, el problema que tenemos no es solo estructural, también es mental, mientras los políticos aumenten por clientelismo la burocracia, mientras los sindicalistas piensen únicamente en sus intereses, mientras no hagamos las transformaciones que necesitamos en educación específicamente en el área de la formación donde el sistema se ha dedicado a hacer profesionales para ser empleados y no emprendedores, mientras no pensemos en dotar a las universidades de fondos para la investigación, y mientras sigamos con una educación ambientalista catastrofista que se opone a todo, en vez de formarlos equilibradamente para un desarrollo sustentable tal y como lo dijo el biólogo Alexander Bonilla en su artículo titulado “Confesiones de un ambientalista” jamás seremos un país del primer mundo. http://wvw.nacion.com/ln_ee/2008/octubre/19/opinion1742886.html

Mientras todas estas cosas en su conjunto no sucedan, estaremos condenados al estancamiento y por ende a cerrar las puertas de las oportunidades a las generaciones futuras.

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