¿Existe el destino?

Por Carlos Vilchez Navamuel

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¿Qué es el destino?  ¿Existe realmente el destino? ¿Están predestinadas las vidas de los seres humanos? ¿Por qué unos nacen con ciertos talentos y otros no? ¿Por qué solo unas pocas personas se destacan de los millones de sus congéneres? ¿A qué se deben las experiencias trágicas?  ¿Por qué algunas personas que se cuidan mucho mueren jóvenes y otras que no lo hace mueren muy viejas? ¿Somos los artífices de nuestro propio destino?

El Diccionario de la Real Academia Española digital (DRAE) define la palabra destino de la siguiente forma: hado fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos. Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal. Circunstancia de serle favorable o adversa esta supuesta manera de ocurrir los sucesos a alguien o a algo. Consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para determinado fin.  Meta, punto de llegada.

La enciclopedia digital Wikipedia nos dice que  “El destino (también llamado fátum, hado o sino) es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad. En las culturas occidentales y orientales, la mayoría de las religiones han creído en formas de destino especialmente relacionadas con la predestinación, desde el tao del confucianismo chino o el karma del hinduismo a la católica y bienhechora Providencia o Gracia, que deja cierto margen a la libertad, o la férrea predestinación del calvinismo. Desde un punto de vista religioso, el destino es un plan creado por Dios, por lo que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que desde la Sagrada Escritura rechaza de plano la existencia de una predestinación absoluta debido al libre albedrío, que, entre otras cosas, hace al hombre ser a imagen y semejanza de Dios”.

Los griegos llamaban al destino «ανανκη » (ananké) y lo consideraban una fuerza superior no solo a los hombres sino incluso a los mismos dioses. El destino era personificado por la diosa Moira, rebautizada como Fatum en la mitología romana.

Algunos filósofos y escritores se refirieron a la palabra destino diciendo lo que pensaban o creían con respecto al destino, así  por ejemplo Platón dijo “Los espíritus vulgares carecen de destino”, Arthur Schopenhauer, “El destino baraja y nosotros jugamos”, Albert Einstein “Tendremos el destino que nos hayamos merecido”, Miguel de Unamuno “Miremos más que somos padres de nuestro porvenir que no hijos de nuestro pasado”, Alfred de Vigny afirmó “Las personas fuertes crean sus acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino”, Matthew Arnold   “Sólo aquellos que nada esperan del azar son dueños del destino” .

Una reflexión sobre las preguntas iniciales nos llevan a pensar que el asunto es más complejo de lo que se sospecha, si el destino de cada uno de los individuos está escrito, para qué preocuparnos acerca de ello si al final éste ya está trazado, si no existe y cada uno de nosotros nos forjamos el destino, entonces cabe preguntarse entre algunas  cosas ¿Por qué algunos niños por ejemplo, se destacan de los otros? ¿Por qué algunos son más inteligentes que sus iguales? ¿Por qué algunos niños vienen a padecer enfermedades terminales desde muy temprana edad? Y ¿Por qué  algunas personas tienen más suerte que otras?

Si el destino de las personas está definido de antemano, cualquier cosa que hagamos es el resultado de ello, y si esto fuera cierto, cabe preguntarse entonces ¿Qué o quienes lo trazaron?  ¿Escogemos la vida que queremos llevar aquí en la Tierra antes de nacer?  ¿Qué o quién escoge? ¿Escoge el espíritu o la chispa divina que llevamos dentro? ¿Cuál sería el propósito de tener un destino?

Esto nos recuerda una experiencia  personal cuando hacíamos investigaciones de tipo paranormal con nuestro buen amigo el cura Alfonso Pizarro, QEPD, hubo una época que se hacían regresiones hipnóticas, él las hacía solo sobre esta vida, más tarde logramos convencerlo para que indagáramos sobre vidas pasadas, en una de esas pruebas, la persona hipnotizada, “había sido llevada a otras vidas atrás”  y en un momento determinado no aparecía ninguna respuesta, el padre le preguntaba que en dónde se encontraba y el silencio era la respuesta, luego de un rato de insistir, la respuesta fue más o menos la siguiente: “Estoy en el proceso de buscar mi próxima vida, me acompañan dos entidades que me ayudan a ello”.

Independientemente de cuál sea la interpretación que se le quiera dar a este tipo de experiencias, todas sirven para reflexionar y cuestionar nuestra existencia, un ejercicio saludable para la introspección. ¿No les parece?