Reflexiones en días “santos”

Por Carlos Vilchez Navamuel

Sin haber estudiado a profundidad a René Descartes, me dediqué los pasados “días santos” a leer algunos apuntes escritos por este gran matemático y filósofo francés del siglo XVII, “Racionalismo” y “Las meditaciones metafísicas”

Sin duda alguna, algo de mí es “cartesiano”, por naturaleza soy racionalista, me gusta filosofar y más aún, me gusta cuestionar esas cosas que se dan por “sentadas” como verdades absolutas. La matemática por otra parte nunca fue mi fuerte, sin embargo entiendo su certeza.

Al igual que Descartes, la duda ha estado en mi mente siempre, mis recuerdos me llevan a la escasa edad de diez o doce años, en ese entonces ya cuestionaba a Dios -que lo había hecho todo- por el hambre en el mundo, o por permitir el nacimiento de niños con enfermedades terminales. Las dudas que he tenido siempre han sido “sanas”, con esto quiero decir que no me han causado angustias, ni sufro por ellas, al contrario, con el tiempo me han hecho una persona más segura de mí mismo, pero sobre todo más libre de pensamiento.

Como dato anecdótico, emprendí mi investigación sobre el fenómeno OVNI hace 35 años, y lo hice precisamente por las dudas que experimentaba acerca de las certezas que tenían los que negaban el asunto.

Descartes consideraba que un conocimiento, para ser tomado como verdadero, ha de poseer la característica de la certeza, que viene a significar una especie de seguridad en la verdad del conocimiento. Esa certeza debía ser valorada hasta los límites.



Los verdaderos científicos se rigen bajo estos preceptos, algunos de ellos renuncian a ello por el miedo al que dirán sus colegas y a sus propios intereses.

De todas las cosas que se han discutido en la historia de la humanidad, la muerte física -al menos por ahora- es una de las pocas certezas que no se puede poner en duda.

Durante mucho tiempo, leí, vi y escuché (en videos) con mucha atención a Krishnamurti, me gustaron sus planteamientos y más que todo sus constantes cuestionamientos, aprendí a pensar por mí mismo, observé en muchas de esas reuniones a las cuales asistía, que la gente no lo comprendía, se hacían seguidores de este gran pensador Hindú, algo que como se sabe, él mismo rechazó en vida.

Recordé en estos días también, aquella frase famosa escrita por Karl Marx “La religión es el opio del pueblo” frase contextualizada que se convertiría en un dogma para muchos y pensé; se equivocó en grande el señor Marx, la religión no es el opio del pueblo, el verdadero opio del pueblo es el dogma, incluyendo el propuesto por él.

Dudo entonces de los dogmas científicos, religiosos, filosóficos y políticos. No soy ateo, pero tampoco soy creyente de sistemas doctrinarios. Mis sentimientos y creencias existenciales son solo mías, a nadie debo convencer y menos adoctrinar.

La no dependencia de religiosos, maestros, o guías extraterrestres, de líderes políticos, del psicólogo o de orientadores, es difícil -lo sabemos- las personas por lo general y por formación, tienen la necesidad de ser orientadas, los métodos de enseñanza así lo imponen, la educación principalmente en los dos primeros niveles es enajenante y dogmática, educados de esta forma es muy difícil liberarse mentalmente cuando se es adulto.

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